Lucha, reflexión, adaptación: Las migrantes nicaragüenses en medio de la pandemia

By on enero 31, 2021 0 963 Views

La pandemia del coronavirus SARS-CoV-2, que causa la covid-19, ha trastocado al mundo entero, en especial a esas mujeres a quienes sorprendió lejos de su tierra y de su familia. Cuatro ocotaleanas que enfrentan la crisis sanitaria en España, cuentan sus historias de lucha, reflexión y adaptación, a través de Qué tal Ocotal.

“LA PANDEMIA ME HA AFECTADO DE FORMA RADICAL”

Ruth Ivania atiende a una amable señora española de 83 años. Foto: Cortesía.

Rut Ivania López Quintanilla, de 47 años, reside desde hace 12 años en Donostia, San Sebastián, un municipio costero ubicado en la Comunidad Autónoma Vasca, dedicada principalmente a Servicios, con énfasis en el comercio y turismo, ya que es uno de los destinos turísticos más famosos de España.

Relata que emigró porque su marido la mandó a traer, y porque pensó que también podía ayudar a su familia económicamente.

En Donostia, cuenta que la mayoría de migrantes trabaja cuidando a personas mayores.  En su caso, atiende a una señora de 83 años. “Es un trabajo de 4 horas y luego limpio una farmacia, dos horas por la tarde noche”, refiere.

¿Cómo le ha afectado la pandemia? “De forma radical, aunque no he dejado de tener empleo, nos hemos tenido que acostumbrar a llevar la mascarilla y tomar la distancia entre personas.  Para movilizarnos a los domicilios, por otra parte, la empresa nos da un salvoconducto para cubrir las horas de toque de queda”, detalla.

Ruth Ivania está estudiando para titularse en el cuido de personas de la tercera edad con diversas enfermedades. Sin embargo, reitera que se cuida mucho, ya que la enfermedad es mortal. 

“HEMOS TENIDO QUE ADAPTARNOS”

Rafaela Ponce. Foto: Cortesía.

Rafaela Ponce Ruiz, de 48 años, tiene 12 años de vivir en España.  “Payita”, a como la mayoría le llama, decidió emigrar de su natal Ocotal a Éibar, conocida como la “ciudad armera”, situada en la provincia de Guipúzcoa.

Payita emigró para darles una mejor vida a sus hijos. Lo consiguió tras bastante esfuerzo. Se legalizó, y  logró llevar a parte de su familia. Sin embargo, la pandemia ha trastocado su vida. 

En la fase 1 de la pandemia perdió su empleo como trabajadora del hogar, por el miedo al contagio. “No fue solo mi caso, muchas mujeres que trabajan en el sector pasaron por lo mismo”, recuerda.

Pero a los pocos días encontró una plaza en otro ramo, la industria, en una empresa española de exportación. “Sigo trabajando, pero, hay que tomar todas las medidas sanitarias que decreta el Gobierno vasco”, comenta.

Los hábitos han cambiado. “Hemos tenido que adaptarnos a usar mascarilla de manera permanente en lugares públicos y privados, en el transporte, calles, etcétera.  Se debe llevar consigo y utilizar alcohol gel y guantes de látex”, precisa.

Además, no deben saludarse ni con besos, ni con abrazos, y solo pueden reunirse en grupos conformados por 6 a 10 personas.

“ESTA SITUACIÓN ME HA HECHO REFLEXIONAR”

Rosmery Massiel. Foto: Cortesía.

Para apoyar de mejor manera a sus tres hijos y abuela, Rosmery Massiel Rubio, de 29 años, emigró hace tres años a Azpeitia, Guipúzcoa, la cuna del jesuita Ignacio de Loyola, un personaje popular en nuestras tierras nicaragüenses.

Rosmery cuenta que la pandemia, más que todo, ha afectado en lo social.  “Está prohibido hacer fiestas o reuniones en casa con más de cuatro personas. La hostelería está cerrada y el gobierno decretó (el 20 de enero pasado) un toque de queda a partir de las ocho de la noche por 15 días, ya que ha habido un aumento de contagios en la zona”, especifica.

El pueblo está cerrado permanentemente, no se puede entrar o salir, sólo por trabajo, o se tenga uno que dirigir a casa. “Es exigido andar con mascarilla en el supermercado, en la calle. Y solo están abiertas las farmacias, los supermercados y las estaciones de gasolina”, indica.

Rosmery encontró empleo hace 11 meses en Azpeitia y está sacando un curso sociosanitario para atender a personas con dependencia.  “Por el momento la parte económica no se ha visto afectada, pero sigo cuidándome para poder mantener mi trabajo, y si Dios quiere, en un futuro cercano, ir a mi país”, resalta.

Su trabajo es interno. “De domingo a las 9 de la noche, a sábado a la 1 de la tarde, me otorgaron un permiso especial para poder trasladarme a Bilbao, de otra manera tendría que dormir donde laboro. En lo personal, esta situación me ha hecho reflexionar, porque me ha enseñado que la vida en cualquier momento la podemos perder, podemos contagiarnos”, confiesa.

“DEBO CONTINUAR LUCHANDO”

Amanda Alfaro Tinoco. Foto: Cortesía.

Hace 13 años Amanda Alfaro Tinoco optó por emigrar a la ciudad de Bilbao, la décima ciudad más grande de España, ubicada al norte de ese país. Lo hizo para asegurar la educación de sus hijos, pagar deudas, mejorar la casa, etcétera. Y lo ha venido logrando, pero aclara que la pandemia la agarró por sorpresa.

“Fue un giro de 360 grados, no estaba preparada para algo así, al igual que el resto del mundo, fue todo un golpe las medidas estrictas que no permiten llevar una vida normal, el confinamiento que se dio a partir del 14 de marzo del año pasado, nos hizo paralizarnos”, cuenta.

A nivel laboral, hubo también afectación, ya que hay una reducción en el tiempo de la jornada laboral.

“En algunas empresas nos han dado de baja por la misma pandemia. No hay trabajo, no hay ingresos, y eso me ha llevado a hacer recortes en el envió de dinero”, comenta.

Agrega que hablar de planes, hoy por hoy, es difícil.  No puede.  “El futuro es incierto, solo sé que debo seguir adelante, porque soy el pilar de mis hijos, debo continuar luchando por mí y por ellos”, puntualiza.

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