El Día del Amor, su amargo origen, y la lección de firmeza del viejo San Valentín 💘

El Día del Amor tuvo un amargo origen, pero la lección de firmeza del viejo San Valentín hizo que valiera la pena. Así, entre sucesos históricos, leyendas e hipérboles, nació una de las historias más fascinantes y envolventes del cristianismo, y del mundo.
A pesar de que el 14 de febrero es una fecha idónea para expresar cariño, amor, ternura, y además para gastarse un dineral en regalos, toda esa dulzura nació con un trago amargo en el siglo III.
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El imperio romano dominaba el mundo occidental, pero a finales de la década de los años 60 de ese siglo, su autoridad enfrentó una crisis de reclutamiento militar.
Los hombres jóvenes evitaban enlistarse o permanecer en las filas guerreras del emperador Claudio II “El Gótico” (214-270), y para hacerlo con éxito, a menudo recurrían al matrimonio.
AMOR AL EMPERADOR O A DIOS
Con el objetivo de superar la crisis de reclutamiento, en el año 269 Claudio II decidió prohibir los casamientos. “El Gótico” decía que “los solteros sin familia son mejores soldados, ya que no tienen ataduras”.
De esta manera, ningún sacerdote podía casar a hombres jóvenes con capacidad para ser enviados a las conquistas romanas, que por esa época estaban enfrascados en una sangrienta guerra contra los godos en los Balcanes.
Este fue el caso de Valentín (175-270), un médico ordenado sacerdote, que en el momento de morir ya era famoso, no solamente por su labor, sino también por sus milagros.
No conforme con la orden imperial, Valentín se dedicó a casar en secreto a los jóvenes enamorados, mientras la guerra contra los godos continuaba en pleno.
Hasta que Claudio II, en medio de las estrategias de guerra, se enteró y mandó a su guardia a traer ante sí al sacerdote que decidió obedecer a Dios antes que al emperador.
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Desde el principio, “El Gótico” tenía como objetivo aplicar la pena de muerte a Valentín, de 95 años de edad. Pero dicen que más sabe el diablo por viejo, y el sacerdote logró que llevar al emperador y sus vasallos a su terreno: la voluntad de Dios.
Según la fe cristiana, delante de Claudio II, el oficial a cargo de Valentín, Asterius, intentó ridiculizar al sacerdote, retándolo a que le devolviera la vista a su hija ciega. El anciano no se echó para atrás.
“En el nombre del Señor y de su infinito amor, te devuelvo la vista”, dijo Valentín. Tal fue la sorpresa, que Asterius intercedió por el sacerdote ante “El Gótico”.
Pero Claudio II ya lo tenía decidido. Valentín fue decapitado el 14 de febrero de 270. La ejecución se llevó a cabo en horas de la noche, para que los habitantes de su natal Terni no se alzaran.
En agradecimiento, Julia, la hija de Asterius a quien regresó la vista, plantó un almendro junto a su tumba original, y este pasó a ser un símbolo del amor, de acuerdo con la creencia.
Seis meses después, en agosto de ese mismo año, el victimario de Valentín, Claudio II “El Gótico”, murió a causa de una plaga desatada en los lugares en los que su imperio batalló. Los designios de Dios.
EL MAYOR LEGADO: EL AMOR
El imperio de Claudio II duró menos de tres años, pero la firmeza de Valentín perduró a través de los siglos. En una fecha entre los años 494 y 496, el Papa Gelasio decidió que los 14 de febrero de cada año se honrara a San Valentín porque la suya fue una historia de amor.
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En el siglo X, la actual Porta del Popolo, en el Vaticano, fue conocida como Porta San Valentino. Se considera que dos de los tres San Valentin que la Iglesia Católica celebra el 14 de febrero, están enterrados en allí.
En la actualidad, el Día de San Valentín, o Día del Amor y la Amistad, es un evento mundial, que acapara el comercio, pero en el fondo, los más puros sentimientos.