Habitantes que transforman su entorno en un mejor hábitat 🌳

Hay habitantes que transforman su entorno en un mejor hábitat. Es lo que está ocurriendo en el corredor seco del noroeste de Nicaragua, donde el sol de marzo no da tregua. Son las personas que habitan en La Danta en Somotillo, Chinandega.
Lo que hace dos décadas era un caudal que obligaba a los caminantes a desvestirse para cruzar nadando, hoy, el Tecomapa es apenas un río reducido que se resiste a desaparecer. Y en su lucha ha encontrado en las 256 familias de La Danta, a un ejército de guardianes.
La historia de esta comunidad está ligada a la naturaleza. Celso Olivas, líder comunitario, relata que el nombre proviene de una pareja de dantos que habitaba estas montañas cuando eran vírgenes, allá por 1870, cuando llegaron las primeras familias.
Hoy se necesita caminar montaña adentro para ver un danto (tapirus bairdii), el mamífero más grande de Centroamérica, pero lugareños, aseguran que, en la actualidad, el espíritu de protección permanece.
Para Olivas, proteger los árboles antiguos, como el genízaro de 400 años que custodia el río de Tecomapa, es un privilegio y una misión inevitable.
La comunidad aún recuerda cómo el huracán Mitch, en 1998, barrió con gran parte del bosque local: guanacastes, cedros y pochotes centenarios, desaparecieron. Fue un desastre que hizo desaparecer comunidades enteras, como la Casitas, ubicada en las faldas del volcán del mismo nombre, con sus más de 2,000 habitantes.
MISMO SOL, OTRA COSMOVISIÓN

El Mitch fue un parteaguas para Nicaragua en términos de preparación ante riesgos de desastres. Con los años, La Danta hizo propia la cosmovisión, y la llevó a la acción.
La comunidad decidió tomar acción con “charlas en la escuela, visitas casa a casa, limpieza del río, y el compromiso de sus líderes, logrando que el paisaje recupere su verdor”, explica Olivas.
La supervivencia del Tecomapa no es obra del azar, los comunitarios adoptaron un modelo de autogestión comunitaria que combina saberes ancestrales con técnicas modernas: el Sistema Agroforestal Quesungual (SAQ, que sustituye la depredación por manejo sostenible) y la delimitación de áreas específicas para la captación de carbono.
Gracias a ello, las fuentes de agua hoy mantienen su flujo, incluso en el pico del verano, cuando otras comunidades ven secarse sus pozos artesanos.
Daniel Paredes, responsable de la Unidad Ambiental de la Alcaldía de Somotillo, reconoce la magnitud del desafío: “Hace 20 años yo vi el Tecomapa con agua y me dio tristeza el cambio”.
Ahora destaca la ventaja de que el río nazca en el mismo municipio, lo que facilita la coordinación entre comunitarios, Comités de Agua Potables y Saneamiento, y el nuevo Comité de la Cuenca del Río Tecomapa, avalado por las autoridades nacionales.
“Estamos trabajando con los comités de agua y con el comité de cuenca para poder involucrarnos todos, tener un buen manejo integrado de la cuenca y así garantizar algo para el futuro”, añade Paredes.

Los habitantes de La Danta pretenden que el esfuerzo, con el que transforman su entorno, sea generacional.
El pasado 22 de marzo, Día Mundial del Agua, más de 100 niños de la escuela “Maura Juárez” llenaron el ambiente con sus dibujos, y participaron de charlas educativas sobre la importancia del recurso hídrico, junto a la “Gotita Anita”.
Ese mismo día, 35 personas, entre pobladores, integrantes del Comité de Cuenca, entidades estatales, EOS Internacional, y Amigos de la Tierra España, realizaron una jornada de limpieza en la ribera del río, donde encontraron plásticos, latas, llantas y otros desechos que afectan el río.
ACCIONES QUE TRANSFORMAN
El mensaje fue claro: La educación ambiental es la única forma de garantizar que las futuras generaciones no conozcan el río solamente en fotografías o dibujos.
La conservación se percibe a simple vista. A orillas del río, el verde de las hojas, junto con la sombra de ceibas y cedros acompañan a quienes recolectaron los desechos. Mujeres lavan ropa o acarrean agua para uso doméstico, mientras otros vecinos utilizan el río para dar de beber al ganado.
Mientras el Tecomapa sigue fluyendo y los danteños transforman su entorno, dan una lección: No se trata solo de salvar un ecosistema, sino de asegurar el agua y la vida para comunidades enteras en su cuenca.
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Es necesario trabajar articuladamente para garantizar una gestión integrada de las unidades hidrográficas Tecomapa y El Arenal–El Hubuto, en los municipios de Somotillo y San Francisco del Norte respectivamente.
La gestión de cuencas en el norte chinandegano, está siendo apoyada por Amigas da Terra Galicia, la Asociación para el Desarrollo del Norte de Chinandega (Adenoch), y Amigos de la Tierra España, con fondos de la Xunta de Galicia.