“Siento como si hubiera sacado medio boleto para seguir viviendo”, vacunarse contra la covid-19 💉

By on septiembre 22, 2021 0 417 Views

Soy un nicaragüense común, pero no tan corriente, porque ya me vacuné contra la covid-19. Aunque solo tengo la primera dosis, siento como si hubiera sacado medio boleto para seguir viviendo.

Supongo que es normal sentirme bien después de ver cómo la peste atacó a mi familia y se llevó a mi abuelita y mi tía que tanto quería. Por eso presté atención al día que tocaba la vacuna en mi lugar para gente de mi edad.

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Como vivo en el Distrito V de Managua me tocó vacunarme en “el Manolo”, allá por “el Huembes”. ¡Qué horrible el primer día! En la mañana aquella fila era interminable. Pues me fui en la tarde, para encontrar vacío, pero nada, me regresé a la casa para volver de madrugada.

De las largas filas uno lo primero que piensa es la fatiga de la espera, pero hay otras preocupaciones, como decidir a qué hora de la madrugada llegar, estar pendiente de la levantada, encontrar un taxi antes que un ladrón lo agarre a uno, alcohol (no para tomar), llevar suéter, una silla, gorra, un paraguas o sombrilla, desayunar o cómo hacer para aguantar cinco horas en la cola sin ir al baño.

  • El día que fui la vacunación avanzó tan rápido y fue tan ordenada, que ni siquiera supe lo rápido que se fue el tiempo. En media hora ya había avanzado un kilómetro, había entrado al “Manolo”, y apenas estaba amaneciendo.

Una vez dentro del hospital, moría por llegar al área de “los toldos”, para sentarme por fin en las sillas blancas de plástico y descansar. Pero qué va. Aquella fila avanzaba tan rápido, que apenas apuntaba mi trasero al asiento y ya tenía que avanzar.

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Como en todos lados, estaba el inconforme que se quejaba del Sol, el despistado que descubrió que no portaba cédula a las dos horas de haber hecho la fila, el señor que no quiso vacunarse o no pudo cuando tocó su edad, la mujer que narraba todo lo que pasaba, el bromista que se contorsionaba con sus ocurrencias insípidas, y la que todo le celebraba.

SIN CASI TIEMPO PARA SENTARSE

También estaba el mal encarado que no portaba mascarilla, el socadito que parecía querer desaparecer, la que no paraba de comer, el del café con pan, la que con su pereza para avanzar demostraba por qué estaba tan hermosa, y los que arman el alboroto antes de ver cómo fracasan sus intentos por meterse en la fila.

  • Entre tanto caminar, ver, oír, e intentar sentarse sin éxito, se pasaron cuatro horas, hasta descubrir por qué avanzábamos tan rápido: Mientras uno tomaba la última recta de la fila, antes de la meta, un escuadrón de estudiantes de la UNAN-Managua, todas mujeres, pedían la cédula para llenar un formulario, preguntar si sufría padecimientos crónicos, y pedir el autógrafo para no culpar a nadie si nos daba el patatús.

¡Y por fin a sentarse! Pero al no tener padecimientos crónicos no disfruté la sentada, ahí nomás me mandaron con mi tarjeta de vacunación al puesto de inyección, donde había más de diez mesas con dos enfermeras cada una, levantando el brazo para llamar al siguiente.

¡Ahora sí, tras casi cuatro horas y media de “ejercicio forzoso”, a sentarse! Pero como no me tomaron la presión, cuando supe, ya me habían explicado lo de la vacuna, inyectado, sacado la aguja, y para fuera.

Entonces hice la pregunta más importante de todas: ¿A los cuantos días puedo beber guaro? La enfermera sonrió y me dijo: a las 72 horas.

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Fueron cuatro horas y media de pie, caminando a paso lento pero constante, en un ambiente no ideal pero muy ordenado, con facilitadores que honraban sus puestos, y ayudaban a las personas con problemas previos de salud.

  • Solamente era la primera dosis, pero fue un “privilegio” porque, según los datos del Minsa, pertenezco a ese sector de la población menor al 50 % que sí estará vacunada para cuando termine 2021.

No sentarse durante horas es cansado, pero no tanto ni tan peligroso como contagiarse con el coronavirus. ¡Cuidémonos!

Foto: Martha Delgado.

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