La luz del norte

Jamileth Toledo sólo tiene un día de descanso, trabaja hasta catorce horas a diario, y aun así destina tiempo para orientar a otras mujeres procedentes del Norte del país, que llegan a España para mejorar la vida.
Vive en Donostia, San Sebastián, donde llegó en 2006, un 18 de agosto.
A cuatro meses de su arribo, su esposo se le sumó y un año y medio después le siguieron tres de sus seis hijos.
Antes de emigrar, ella residía en el barrio José Santos Rodríguez, en Ocotal, y laboraba como maestra de pre-escolar en la escuela María Auxiliadora.
Pero requería una mejor paga y debió cambiar de vida, dejando de un lado todos sus diplomas.
En España Jamileth ha cuidado a personas mayores, parapléjicas y ha realizado trabajos como auxiliar de ambulancias. Actualmente hace labores de limpieza.
“Es lo único que hay y no me avergüenzo porque lo importante es sacar a la familia adelante”, afirma.
Pero esos oficios no han sido sus únicas pruebas en el país europeo. En 2013, perdió a uno de sus hijos en un accidente. “Fue horroroso, un golpe difícil”, rememora.
Hoy día lleva la vida con esperanza, “gracias a Dios”. Además su esfuerzo ha valido la pena, su hijo mayor es ya un ingeniero agropecuario, su segundo hijo estudia veterinaria, el tercero está sacando su bachillerato y tiene una carrera técnica, y el cumiche cursa segundo año de Ingeniería Civil. Su hija es mamá y trabaja en España.
Jamileth, quien ya cuenta con una residencia de larga duración, dice que quisiera regresar cada año a Nicaragua. “Extraño mucho a mi madre, a mis hijos, a mi hermana, a mi sobrino, a Ocotal, a todas esas personas maravillosas que Dios ha puesto en mi camino”, comenta.
Pero reconoce que es difícil, por lo pronto seguirá trabajando y orientando a las mujeres migrantes norteñas, que al igual que ella, buscan el sueño europeo.