Sin hijos, creó el Día de las Madres y lamentó el resultado 🌹

By on mayo 10, 2026 0 83 Views

Sin hijos, creó el Día de las Madres y murió inconforme con el resultado. Es la historia de Anna Jarvis (1864-1948), la mujer por la que el mundo celebra cada año el hecho de ser mamá con serenatas, fiestas, cenas, o cualquier regalito por mínimo que sea.

Lejos de ser la mamá de algún político, tener hijos contados en dos dígitos, dedicarse a cocinar postres, reparar peluches y coser calcetines, Anna Jarvis fue una activista estadounidense, como su mamá. Pero nunca se casó.

Anna Jarvis tampoco fue la hija de una famosa, pero sí de una mujer que dedicó su vida a velar por los demás, Ann Jarvis, la que inspiró el Día de las Madres.

La mamá Ann Jarvis (1832-1905) dedicó su vida a contrarrestar las enfermedades infantiles y las condiciones de salubridad, tras perder temprano a siete de sus 11 hijos. Preocupada por las enfermedades que les quitaban la vida a los niños, la madre reunió a mujeres como ella en varias ciudades y fundó los Clubes de Trabajo del Día de las Madres.

El Club también sirvió con neutralidad en la Guerra Civil de Estados Unidos (1861-1865), donde las mujeres atendieron y cuidaron a los soldados heridos de ambos bandos.

PRIMER DÍA DE LAS MADRES

Inspirada en la labor de su mamá, y del resto de mujeres, Anna Jarvis, también reconocida como la primera mujer editora literaria y publicitaria de la agencia Fidelity Mutual Life Insurance Company, emprendió la campaña por el Día de las Madres.

Tres años después de la muerte de su mamá, el 10 de mayo de 1908, justo un día después del aniversario de nacimiento de la señora, su hija Jarvis logró celebrar la primera ceremonia, que no fiesta, en honor de todas las madres de la Iglesia Metodista Episcopal Andrews, la iglesia de Ann, cuyo templo se encuentra en Grafton, West Virginia.

El lugarde aquella celebración hoy es un museo considerado Santuario Internacional del Día de las Madres, y desde 1992 fue establecido como Monumento Histórico Nacional de Estados Unidos, ubicado en el número 11 de la calle E Main.

Santuario del Día Internacional de la Madres, en West Virginia. 📸 Wboy AP / James J. Lee.

De manera simultánea, Anna Jaervis realizó una conmemoración en el almacén Wanamaker, de Filadelfia, donde residía.

Ese mismo día nació la tradición de las flores para mamá. No rosas rojas, como se acostumbra actualmente en muchos países, sino claveles blancos.

Anna Jarvis repartió claveles blancos entre los 1,500 asistentes de Wanamarker en Filadelfia. También envió cientos de estas mismas flores a la conmemoración de West Virginia, para que fueran repartidos entre los invitados.

Los claveles blancos eran los preferidos de la señora Ann. El color rojo es la referencia para las madres vivas.

“Espero y rezo para que alguien, un día, reconozca un día en memoria de las madres, para celebrar el servicio incomparable que prestan a la humanidad”, dijo Anna, en su discurso del primer Día de las Madres, citando una frase de su mamá.

UN DESEO, Y EL DESENCANTO

Y su deseo se hizo realidad. El movimiento por el Día de las Madres fue una bola de nieve. La misma Anna empezó a dedicar su vida al proyecto. Hasta que en 1914 el presidente Woodrow Wilson estableció que se conmemorara el segundo domingo de mayo.

La bola siguió creciendo. Se extendió a México, Canadá, África, Asia, Europa, y nunca paró, hasta alcanzar el grado de universalidad que hoy ostenta.

En algunos países las fechas o los días varían, pero siempre caen en mayo. El caso de Nicaragua es particular, ya que ningún otro país lo celebra el 30.

Así, el Día de las Madres se convirtió en al gran momento de floristerías, restaurantes, joyerías, tiendas.

Según la App de regalos Fetch, el Día de las Madres es la segunda celebración de mayor consumo en Estados Unidos, solamente superada por la Navidad. Diversas fuentes coinciden en que ese día los locales gastan más de 35 mil millones de dólares.

La plataforma de transferencias internacionales WorldRemit sostiene que en países como Colombia, Ecuador Perú, el comercio se eleva entre un 24 % y un 54 % en artículos de regalos, y brinda datos similares para el resto de Sudamérica.

Pero la idea de Anna no era que los hijos regalaran electrodomésticos a sus madres. Ella quería algo más íntimo, más conexión entre madres e hijos.

Dedicó los últimos años de su vida a luchas contra la comercialización del Día de las Madres. Se gastó todo su dinero en campañas, protestó en las calles. Nada resultó. Murió pobre, en una clínica pagada por las floristerías que ella rechazaba.

Según Fetch, las llamadas telefónicas en Estados Unidos superan los 113 millones el Día de las Madres. Quizá, después de todo, Anna sí lo logró.