Jovencita pone en alto el gallopinto nica en un pueblo de España 🏆

Una jovencita puso en alto el gallopinto nicaragüense en un pueblo de España, al ganar un concurso de gastronomía celebrado recientemente en Cebreros, Ávila, en la zona central de la península ibérica.
Giulianna Madrigal, una chavala nacida en Managua hace 17 años, obtuvo el primer lugar compitiendo con el gallopinto ante comidas típicas de diversos países de Europa, África, Asia y América, en la Jornada de Internacionalización, desarrollada en la sede del Instituto Hermenegildo Martín Borro.
La jovencita ganó con uno de los platos tradicionales más habituales en las mesas de los nicaragüenses, y más sencillos de preparar, según quién lo haga.
El gallopinto nicaragüense es un platillo que se caracteriza por la mezcla de arroz blanco y frijoles rojos. Los nicas lo acompañan con casi cualquier cosa, incluyendo queso, crema, tortillas o plátanos.
Aunque el mismo existe con diferentes nombres en Centroamérica y el Caribe, de donde es procedente, los frijoles rojos es lo que hace único al gallopinto nicaragüense, ya que en los países vecinos lo comen con frijoles negros, e incluso con salsa de supermercado.
En su caso, Giulianna acompañó el gallopinto con queso frito, crema, tajadas de plátano maduro y verde, un clásico más frecuente y apetecible para los nicaragüenses que los partidos de fútbol entre el Real Madrid y el Barcelona.
GALLOPINTO “BIEN DELICIOSO”
Para una adolescente que no tiene la cocina entre sus lugares favoritos, poner en lo más alto a Nicaragua con un gallopinto, fue emocionante.
“Cuando escuché decir mi nombre me emocioné mucho. El anuncio fue en un salón que estaba amontonado. No me lo podía creer, pensé que quedaría en el tercer o cuarto lugar. La profesora que me entregó el premio me dijo que estaba bien rico, bien delicioso”, cuenta Giulianna, en una conversación con Qué tal Nicaragua.
La sorpresa fue tal, que a la ganadora no le quedó tiempo de hacerse una foto “facebookera”, de esas en que todo aparece impecable.
La joven afirma que el plato, del que tomaron porciones el jurado, maestros, y algunos alumnos presentes, quedó sin rastros de gallopinto, tajadas o queso.
“Al momento que anunciaron los ganadores no quedaba ni una migaja”, dice Giulianna, entre risas.

En el concurso, el gallopinto no solamente demostró a la comunidad de Cebreros, compuesta por cerca de 3,500 habitantes, que la comida nicaragüense es tan apetecible como cualquier otra en el mundo, sino también que puede cambiar las percepciones personales, ya que significó un parteaguas para la ganadora.
“Me siento más segura de mí misma, para un concurso de comida y otras cosas”, reflexiona.
Giulianna sostiene que, a pesar de que siempre tuvo “pasión por la comida”, nunca pudo dedicarle tiempo a la cocina. De hecho, estaba tan lejos, que hasta ahora no tenía idea de que un familiar suyo tenía un exitoso restaurante en Managua, ni participaba en el negocio “Chile Don Pancho”, de su papá, Francisco.
Ahora no considera un imposible aprender los secretos de la cocina. Pero lo que realmente quiere ser en el futuro, es dar clases de teología.
“Tengo planeado estudiar ciencias religiosas, mi padre habló con el sacerdote del pueblo, y vamos a ver si me dona una guía para estudiar”, explica.
Quienes conocen a Giulianna, saben que esta no es una idea reciente. Creció con la inquietud de la fe en Nicaragua, un país donde más del 90 % de las personas es cristiana, la mayoría con base en la religión católica.
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Esa convicción solamente se reforzó entre los viñedos, olivos y pinares, rodeados de ríos, que componen el paisaje de Cebreros.
Eso sí, lo que más extraña de Nicaragua son los lugares donde solía ir a comer con su familia, no solamente en su natal Managua, sino también en otros pueblos y ciudades del país: Su gallopinto, la papa rellena, los quesillos, y hasta los sorbetes.
Por ahora, Giulianna, como buena nica, disfruta de su gallopinto, que, además de darle gusto a su paladar, le brinda crecimiento personal y orgullo nacional.