SOS para hacerte cómplice de Dios en su plan de rescate ⛪

Los SOS para hacerte cómplice de Dios en su plan de rescate son tan diversos como frecuentes. Algunos consisten en llamados a programas de voluntariado, o para servicios, y otros apelan a las donaciones con el objetivo de mantener los templos que sostienen la fe.
Cada año los fieles destinan cientos de miles de millones de dólares a sus templos. Según un informe del Lake Institute on Faith & Giving, basado en datos de Giving USA, las donaciones a las religiones alcanzaron los 146,540 millones de dólares en 2024, solamente en Estados Unidos.
Esto representó casi el 40 % del Producto Interno Bruto (PIB) de Centroamérica de ese mismo año, y superó el PIB reportado en dicho periodo por Guatemala, 113,200 millones de dólares, por mucho el más alto de la región.
Es una enorme cantidad de dinero, pero no fluye de arriba hacia abajo, en realidad se trata del recuento de millones de transacciones. Por esta razón, los SOS de las religiones son constantes. Y son más urgentes cuando se trata de acciones necesarias, como reparaciones o mejoras ineludibles.
Esto lo está viviendo en su propio templo el padre José Francisco Murcia, conocido por sus posts en Facebook, quien está a cargo de la Parroquia San Diego de Zacapa, en Guatemala.
SOS PARA LA ETERNIDAD
Su SOS no es precisamente para salvar vidas de inmediato, sino para rescatar las almas en la eternidad, ya que cuenta con una hermosa parroquia, pero el sistema de sonido, tras más dos décadas de uso, requiere ser actualizado para emitir mejor el mensaje de Dios.
“Hemos emprendido el proyecto de mejorar el sonido de nuestro templo, ya que ha cumplido su tiempo útil (…). Por este medio acudimos a la bondad y generosidad de cada uno de ustedes, para lograr este proyecto en beneficio de toda la feligresía de San Diego”, escribió el sacerdote, en una carta pública.
Para alcanzar su objetivo, la parroquia necesita 25,000 colones (3,270 dólares), no parece mucho dinero para una institución, pero está ubicada en un país con las necesidades propias de Centroamérica, y su mantenimiento depende exclusivamente de lo que aportan sus fieles.

La cartita del padre Murcia, que especifica las vías de confianza para que las donaciones sean destinadas en su totalidad al proyecto, fue escrita en abril pasado, pero rápidamente llegó a manos de la diáspora guatemalteca católica.
Hay esperanzas en que la petición haya caído en tierra fértil. Solamente el Episcopado de Estados Unidos aportó a Latinoamérica más de 8 millones de dólares en 2024, afirmó Leo Pérez, director del Programa para la Iglesia en América Latina de la Oficina de Colectas Nacionales, de la United States Conference of Catholic Bishops (Conferencia de Obispos Católicos de los Estados Unidos).
EL PAPA LEÓN LO VIVIÓ
El religioso brindó sus declaraciones en la más reciente edición, The Pilot, que presume de ser “el periódico católico más antiguo de Estados Unidos”, con sede en Boston.
The Pilot recordó en su reporte cómo la Iglesia Católica de Estados Unidos contribuyó a la misión del obispo estadounidense Robert Francis Prevost en Chiclayo, Perú, (2015-2023).
“El camino de fe del Papa León XIV encarna el espíritu por el que los obispos de Estados Unidos crearon hace seis décadas el programa Iglesia en América Latina para tener un impacto en América Latina”, señaló The Pilot, citando un comunicado de la Conferencia Episcopal americana, en su artículo.
Pero el padre Murcia no se limitó a emitir un SOS. Según su carta, la parroquia ya había contratado a un especialista para elaborar el diagnóstico de todos los equipos que conforman el sistema de sonido, quien recomendó “cambiar el cableado comprar dos amplificadores, una consola de 12 canales, dos bocinas ambientales, tres micrófonos cuello de ganso, pedestales”, entre otros.
También garantizó al proveedor, y rescató ocho bocinas ambientales, para reducir los costos.
Esta es una parte de la fe que poco se nota, pero que tanto apoyo necesita. Es un SOS en un planeta que alberga a 1,420 millones de católicos, de los cuales, 680 millones habitan en el continente americano, 196 millones en Centroamérica, y al menos 7.5 millones en Guatemala.