De maestra rural a influencer en Estados Unidos horneando pan casero 📲

De maestra de inglés en una zona rural de Nicaragua, a influencer en Estados Unidos horneando pan casero. Ahora amasa una nueva oportunidad de vida.
Freydel Méndez Zeledón no estaba en su país de origen cuando la necesidad golpeó. No tenía familiares cercanos a los cuales acudir, ni contaba con contactos para ejercer su carrera. Rendirse parecía más fácil.
Pero Freydel decidió avanzar. Ideó hacer videos en Tik Tok sobre la horneada de pan casero. ¡Y resultó!
Hoy cuenta un pequeño negocio con el que llega a casi todo Estados Unidos, tiene más de 6,700 seguidores en Tik Tok y más de 93 mil en Facebook, lo que le permite ser financieramente independiente.

¿Pero, cómo empezó todo?
Hace tres años Freydel llegó a Estados Unidos, procedente de Wiwilí, Jinotega, en el norte de Nicaragua. Tenía 22 años, se había graduado como maestra de inglés, carrera que estudió de 2018 a 2022.
Pero una vez en Estados Unidos pasó un mal momento. Eso la hizo buscar soluciones y optó por hacer pan, algo que ya había hecho en Nicaragua cuando estudiaba su carrera de inglés.
Freydel recuerda que empezó haciendo muy poquito pico y rosquillas. Lo ofrecía los fines de semana a las personas cercanas por WhatsApp.
INFLUENCER POR NECESIDAD
Vendía, en ese entonces, entre 30 y 40 dólares. Pero la idea le permitió ir sumando más clientes e ir adaptando el negocio al país.
“Aquí no tenía las máquinas que tenía en Nicaragua, no sabía de las harinas, el clima es diferente, todo eso influye. Y yo dije, en lo que me sigo puliendo sigo agarrando clientes”, comenta la influencer.
Pero Freydel no solo hizo eso. Optó por convertirse en influencer. Vio que a algunas mujeres les iban bien en Tik Tok.
“Vi que ellas decían que no más contaban su vida y hacían videos de su día a día y por eso les pagaba Tik Tok”, menciona. Y eso le llamó la atención.
“Como había pasado por tantas cosas en Estados Unidos al punto de no tener donde vivir, era tan horrible mi situación, a tal grado, que yo no tuve tiempo para pensar, si me daba pena o no, o si se iban a reír de mí por hacer contenido, no más lo vi como la mejor opción en ese momento y yo dije: ‘lo hago, mañana hago mi primer video’”, cuenta Freydel, quien en Nicaragua era una chavala muy tímida.
Para su primer video no tenía micrófono, ni cámaras, ni trípode. Solo su teléfono celular y un trabajo de 8 de la mañana a la 5 de la tarde que le daba para lo justo.
“Con poca luz, cuando llegué del trabajo, grabé mi primer video, puse el teléfono y empecé a grabar”, rememora Freydel.
NADA FÁCIL
Al día siguiente buscó cómo editarlo en el trabajo. “Me costó muchísimo, investigue cómo se editaba, recuerdo que me tardé como cuatro horas, pero me agarré de allí, estaba convencida de que iba a funcionar”, sostiene.
Al mismo tiempo seguía vendiendo cada quince días. “Y empecé a hacer live en Tik Tok para hacer crecer la cuenta ya que para monetizar tenía que llegar a 10 mil seguidores”, dice la influencer.
“Entonces empecé a hacerlo y vi que las personas, no sé si por lástima o por admiración, conectaban conmigo, algo les llamaba la atención, que se quedaban, y allí en el live me hacían preguntas, y luego se me ocurrió hacer live mientras hacía el pan y eso fue un plus”, recalca.
Pasó de tener 50 personas conectadas a 200, 300, 400. La clientela subió y vendía a veces hasta de 200 a 300 dólares.
Eran tiempos en que Freydel se levantaba de madrugada, hacia live una hora y luego se iba a trabajar a la tienda de teléfonos, en turnos de hasta 12 horas.
En ese contexto, las personas que la seguían en Tik Tok comenzaron a preguntarle si vendía pan en otros estados. “Mándelo por correo, se mira muy rico”, le sugerían a la influencer.
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Ella no tenía idea de cómo funcionaba el correo y eso fue un gran reto. “No más miraba en algunos live que las personas sacaban unas etiquetas y se las ponían a la caja y yo decía, como será que hacen eso, de dónde sacan las etiquetas, yo decía algo como internet tiene que ser y me puse a investigar”, afirma.
PRUEBA Y ÉXITO
“Lo bueno es que en el trabajo que tenía, había tiempo de sobra para estar con el teléfono, y busqué, busqué información. Poco a poco, en cuestión de meses, encontré los materiales, una amiga me regaló la impresora, porque miraba cómo yo le echaba ganas, y me dio el norte de cómo realizar los envíos”, comenta.
Hizo pruebas de envío con algunas amistades y familiares que vivía en otros estados. Eso le permitió calcular el costo de envío, los días que tardaba el pan en llegar y si llegaba bueno o malo.
Freydel recuerda que dos cajas llegaron a su destino y otra regresó de vuelta en un mes.

“Pero me di cuenta que los panes estaban buenos y yo dije, vamos con todo. Este pan no se daña, si aguantó todo un mes, ‘voy sobre’, como decimos en Nicaragua”, destaca la influencer.
Allí empezó a realizar envíos y anunciarlo en sus redes. ¡Fue un boom! Decidió dejar su trabajo en la tienda, a pesar de que todavía no monetizaba en Tik Tok. Freydel lo logró un año después.
“Yo dije me voy a dedicar a mi emprendimiento, en lo que voy monetizando, voy haciendo crecer las redes sociales, más público para cuando monetice ganar bastante, porque mi idea era ganar bastante, y así se fue complementando lo del pan con los videos porque lo que más le atrajo a la gente fue lo del pan”, subraya.
EMPODERÓ A OTRAS MUJERES
Freydel no solo hacía el pan en sus videos, sino que compartía cómo hacerlo, daba las recetas y muchas mujeres aprendieron con ella.
“Era algo nuevo en la plataforma, de hecho, muchas mujeres ahora venden desde casa y siempre que me conecto y hago live me dicen: gracias a vos vendo pan desde casa. Y, pues, es bonito la verdad”, apunta.
Con el emprendimiento del pan y las redes sociales, hoy Freydel cubre todos los gastos.
Actualmente no se le complica crear contenido y los videos los edita en 20 minutos. Con sus videos, su pan llega a Carolina del Norte, New Jersey, New York, Ohio, Virginia, entre otros estados. Los venden a 2 y 3 dólares por unidad.

De tener 5 clientes que le compraban pan los fines de semana, muchos de su iglesia, ahora cuenta con 30 por semana. El 90 por ciento son nicaragüenses. El resto, de Honduras, El Salvador, Guatemala y Panamá.
“Hacer contenido y hacer pan son dos trabajos, no sé si decir, personales. Lo hago según mis capacidades. Mi meta es seguir trabajando en lo que estoy haciendo y si es posible en más cantidades para tener mayores ganancias”, agrega la joven.
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Freydel planea en el futuro vender pan en Nicaragua. Mientras llega el momento, aconseja a las personas que quieran emprender en Estados Unidos, dedicarse a lo que les apasione y no tener una sola fuente de ingreso.
“Empiecen a emprender en los tiempecitos libres, sacrifiquen una hora de sueño o de descanso y empiecen poco a poco, y solamente hasta que vean ganancias sólidas, dejen el trabajo regular y dedíquense al emprendimiento”, finaliza.