Las madres de Nicaragua, una fuerza de la naturaleza 🌋

Las madres de Nicaragua son una fuerza de la naturaleza. Su capacidad para dirigir un hogar y para destacar en la sociedad, su resiliencia, devoción, carácter y amor incondicional, la hacen incomparable.
Así lo exige ser madre en un país como Nicaragua, donde, a lo largo de la historia, ellas han tenido que defender a sus hijos de los peores desastres relacionados con la naturaleza, así como guerras y otros conflictos internos.
Formadas en un país volcánico, tanto en lo geológico como en lo social, las madres nicaragüenses han enfrentado erupciones volcánicas, terremotos, tsunamis, huracanes, sequías, inundaciones, enfrentamientos locales, y han logrado salir adelante.
Con más de un millón de nicaragüenses viviendo en otros países, las madres nicas han tenido que reinventar el amor, una vez más. Lo hacen apoyando, guiando y amando a sus hijos desde la distancia.
En los últimos años son comunes las historias de una mamá que le enseñó a cocinar a su hijo por WhatsApp, o una que se esforzó más en el trabajo para apoyar económicamente a una hija en problemas hasta que superaron el bache.
Y ahí viene la resiliencia. Tanto las madres nicaragüenses que están dentro del país como las que viven fuera, han demostrado que se recuperan de los malos momentos y se levantan.
MADRES RESILIENTES
Esa resiliencia es reconocible en las mujeres de Nicaragua. Muchas de ellas sacan adelante a sus hijos sin necesidad del hombre. Es como si tuvieran manos milagrosas.
El secreto peor guardado es que las madres de Nicaragua no se rinden. Si deciden algo, van a luchar por eso hasta lograrlo, más aún si es por sus hijos.
Las madres nicas también se distinguen por tener una mano de hierro y en la otra un guante de seda. Son capaces de castigar a cualquier cipote y a la vez de defenderlo.

Eso se destaca en el sentido de protección feroz que tienen las mamás nicaragüenses. Son cariñosas, pero a la vez imponentes. Pueden ser dóciles con sus hijos, y al mismo tiempo guardar una autoridad suprema.
En Nicaragua, a la madre se respeta. Eso es sagrado. No hay discusión. Aunque también es cierto que hay excepciones, que sin embargo confirman la regla.
Las matriarcas nicaragüenses además están equipadas con un “radar”, que les advierte cuándo sus hijos van por mal camino, o cuando están tristes. Una mirada suya bastara para poner el orden.
BUENAS AL NEGOCIO
A lo mejor por eso son buenas al negocio. En un país donde el 80 % de su economía se desarrolla en la informalidad, las madres son las que más se ven haciendo negocios en los mercados, los centros comerciales, tiendas, terminales de buses, incluso en los puertos de montaña.
Se levantan de madrugada a limpiar la casa, hacer comida, lavar, alistar a los chavalos para la escuela, y estar bien temprano en sus puestos de trabajo. Las que no tienen un horario de oficina, se las ingenian haciendo rifas, instalando pulpería, vendiendo ropa o comida. Todo para que los hijos culminen sus estudios.
¿Y creen que eso las hace estar de mal humor? Al contrario, las madres nicaragüenses siempre están sonriendo. Suelen hacer bromas con un lenguaje y una picardía imposible de ignorar.
Ellas hicieron comunes frases como “¿qué te hago si lo encuentro?”, “te voy a chancletear”, y muchas otras.
De la comida, ni hablar. Las madres son las responsables de que en Nicaragua no haya una sazón única, sino que cada uno de sus innumerables platillos tenga su sabor específico… y exquisito.
Eso explica por qué este 30 de mayo el promedio de las remesas crece entre un 10 % y un 40 %, hasta promediar el excedente de 50 millones de dólares, convirtiendo el Día de las Madres en el segundo más activo económicamente después de Navidad.
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No es de extrañar. Al final, según las estadísticas oficiales, lo que harán las madres con ese dinero será comprar productos de la canasta básica y ahorrarlos.
Así son las madres de Nicaragua. Tan dedicadas al amor por sus hijos, que incluso los encomendarán a Dios si hoy ya no los tienen.