Del susto a la devoción: Así conmemora la muerte este continente 💀

By on noviembre 2, 2026 0 21 Views

Del susto a la devoción, así es como se conmemora la muerte en el continente americano. Desde los ahuizotes de Nicaragua, hasta Halloween en Estados Unidos, pasando por pequeños desfiles y noches de cánticos en el sur, América primero pega el grito de susto, y después honra a los seres queridos que han fallecido, con el Día de los Fieles Difuntos.

Es lo que ocurre entre las últimas semanas de octubre y los primeros días de noviembre en diferentes países de América, justo entre el equinoccio de otoño y el solsticio de invierno para el hemisferio norte, no por casualidad, sino por razones de supervivencia: terminan las cosechas e inicia la época más gélida del año.

Son días en que empieza a oscurecer más temprano y amanecer más tarde. La noche prevalece sobre el día, el frío sobre el calor, los paisajes secos sobre los que muestran vida.

El desfile de Los Ahuizotes de Nicaragua es un ejemplo de cómo se celebra la muerte a través del susto en el continente americano.

Miles de personas se reúnen en la ciudad de Masaya, cerca de la capital de Nicaragua, Managua, para avanzar por sus calles principales, disfrazadas de todos los espantos imaginables: La Mocuana, La Llorona, El Padre sin Cabeza, así como cientos de personajes que han provocado miedro a través de los siglos en el país centroamericano.

AHUIZOTES, HALLOWEEN, THRILLER

Los personajes no se limitan a seres humanos, en Los Ahuizotes se pueden ver representaciones de El Cadejo en sus versiones bueno (canino blanco) o malo (canino negro). Y nunca falta la legendaria Carreta Nahua, compuesta por un carruaje tenebroso jalado por dos bueyes esqueléticos y dirigida por una calavera humana, con crujidos lentos y pesados que hacen temblar al más valiente.

Mientras, en Estados Unidos, se celebra Halloween, una fiesta popular que, según algunos, se está volviendo cada vez más terrorífica gracias a las formas en que las personas adornan sus viviendas.

En Halloween los niños, acompañados de algunos padres, se disfrazan de lo que sea, un monstruo, o incluso de dinosaurio, para ir de casa en casa ofreciendo un ultimátum: “Trick or treat” (dulce o truco).

Los visitantes son recibidos con dulces en casas adornadas con esqueletos humanos sintéticos, sábanas flotantes, calabazas malencaradas, y hasta con improvisados túneles “embrujados”.

La esencia de estas celebraciones fue captada de forma hasta ahora insuperable en el video “Thriller” (1983), de Michael Jackson, en el que el artista encabeza a un grupo de zombis que emergen de la tierra para participar en un baile que se convirtió en icónico.

Tan famoso se hizo el baile de Thriller, que no solo cambió la forma en que se elaboran los videos, sino que además se convirtió en el más popular de la historia, y creó la cultura “Thrill The World”, en la que una vez al año, en una hora específica, el mundo baila la danza de los muertos.

LA MUERTE, ENTRE EL BAILE Y LA PIEDAD

Y de ahí a la devoción. Al igual que con Los Ahuizotes de Nicaragua y el Thriller de Michael Jackson, el Sol acaba con los bailes y hace renacer la piedad por los muertos.

De ahí que la Iglesia Católica confirmara el 2 de noviembre como el Día de los Fieles Difuntos, un momento de serenidad después de la algarabía.

Conocido como el “Día de los Muertos”, es la oportunidad que encuentran las familias de América para conectarse con los seres queridos fallecidos a través de los rezos, las oraciones, y visitas a los cementerios.

La fe supera la muerte en las culturas de América. 📸Gemini.

La forma en que lo hace México es la más conocida en el mundo. Es una verdadera ceremonia en honor a esas personas que tanto amaron en vida.

Pocas veces se ha explicado mejor y con tanto detalle como en la película “Coco”, en la que, gracias al amor, los protagonistas van y vienen del mundo de los vivos al de los muertos, hasta encontrar la feliz resignación.

Al final, la muerte en este continente es celebrada con sustos y risas, con bailes y rezos, con abandono y esperanza, con descaro ante lo inevitable.